Hay platos que reconcilian con la cocina de fuego lento, esa que perfuma la casa y calma el alma. La carrillada con calabaza es uno de ellos. Un guiso meloso, con carne que se deshace al mínimo toque y una salsa aterciopelada que equilibra el dulzor natural de la calabaza con la profundidad del vino y el sabor intenso de la carrillada.
Es una receta de fondo, de mimo, pero también de sencillez: una danza entre la tierra y el otoño que demuestra que con pocos ingredientes y paciencia se pueden lograr sabores que emocionan.
Paso a paso
1. Dorar la carne
En una olla amplia, calienta un buen chorro de aceite y marca las carrilladas por ambos lados hasta que estén bien doradas. Este paso es clave para sellar los jugos y concentrar el sabor. Retira y reserva.
2. Sofrito de base
En el mismo aceite, añade la cebolla, pimiento y tomate troceado. Cocina a fuego medio hasta que estén tiernos y ligeramente caramelizados. Incorpora las hierbas aromáticas y una pizca de sal.
3. Desglasar con vino
Incorpora de nuevo la carrillada, añade chile seco, un par de clavos, laurel, pimienta. Después, vierte el vino y raspa el fondo de la olla para recuperar todos los jugos. Cocina hasta que esté tierna y la mezcla tome un color oscuro y brillante.
4. Añadir la calabaza
Incorpora la calabaza troceada. Cubre con caldo o agua hasta casi cubrir los ingredientes. Tapa y deja cocer a fuego lento durante 15 minutos, o hasta que la carne esté tan tierna que se pueda cortar con una cuchara.
5. Montar y servir
Sirve las carrilladas sobre una cama generosa de la salsa de calabaza, dejando que el brillo del guiso sea el protagonista. Puedes acompañarlas con puré de patata, arroz blanco o pan rústico.






El resultado
El resultado es pura caricia: una carne tierna que se deshace, envuelta en una salsa de calabaza dulce y especiada, con el fondo profundo del vino tinto. Un plato que huele a hogar, a brasero y a sobremesas largas.
La calabaza aporta un punto sedoso y reconfortante que transforma un guiso tradicional en algo inesperadamente delicado. Es cocina de otoño, sí, pero también de corazón.
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