Del 23 al 26 de marzo me planté en Fira Barcelona – Gran Vía para formar parte de Alimentaria 2026, que no es una feria cualquiera: es la feria. Un auténtico monstruo del sector donde se junta todo el que tiene algo que decir en alimentación y bebidas. Más de 100.000 m², miles de empresas, compradores de medio mundo… vamos, que si parpadeas, te pierdes algo.
Y en medio de todo ese espectáculo, allí estábamos nosotros, dinamizando la cocina de la mano de Gusto del Sur, con quien llevo ya unos cuantos proyectos a las espaldas y con quienes siempre es un gustazo trabajar.
Gusto del Sur: mucho más que un sello
Para quien no lo tenga ubicado, Gusto del Sur no es solo una marca, es una declaración de intenciones. Hablamos de más de 110 empresas y más de 280 productos con calidad diferenciada que representan lo mejor de Andalucía.
Detrás hay un trabajo serio, coordinado con entidades como Agapa, Landaluz, Cooperativas Agro-Alimentarias, consejos reguladores, academias gastronómicas… en definitiva, una red que empuja para que el producto andaluz juegue en primera división.
Y claro, cuando tienes ese nivel de materia prima, lo mínimo que puedes hacer es estar a la altura.



Showcookings sin tregua (y sin aburrimiento)
Durante estos días me tocó ponerme el delantal para participar en diferentes showcookings junto a empresas y profesionales del sector agroalimentario. ¿El objetivo? Muy claro: convertir producto en experiencia.
Porque aquí no vale solo con tener buen género —que lo hay, y mucho—. Aquí hay que contar historias, sorprender y hacer que quien te vea diga: “esto lo quiero yo”.
Pasaron por la cocina perfiles de todo tipo: desde técnicos y responsables de empresas hasta chefs con mucho oficio. Y entre todos, conseguimos algo que parece fácil pero no lo es tanto: conectar industria y cocina real.
Producto de aquí… con mirada internacional
Una de las cosas que más me gusta de Alimentaria es ese equilibrio entre lo nuestro y lo global. Estás trabajando con producto nacional de una calidad brutal y, al mismo tiempo, tienes delante a gente de medio mundo flipando con lo que ve.
Y ahí es donde entra el papel del cocinero: traducir el producto al lenguaje universal del sabor.
Desde elaboraciones más tradicionales hasta propuestas más actuales, lo importante era demostrar que detrás de cada ingrediente hay potencial, versatilidad y, sobre todo, mucho recorrido.



Cocinar también es comunicar
Si algo tengo claro después de tantos años es que hoy en día cocinar ya no es solo cocinar. Es explicar, emocionar y enganchar.
En Alimentaria, cada showcooking se convierte en un pequeño escenario donde no solo cocinas: cuentas quién eres, de dónde vienes y por qué haces lo que haces. Y eso, cuando lo haces bien, se nota.
Una experiencia que siempre suma
Volver de Alimentaria es volver con la cabeza llena de ideas, contactos y proyectos. Porque aquí no solo vienes a enseñar, también vienes a aprender. Y mucho.
Así que sí, han sido días intensos, con muchas horas de pie y más de una carrera entre fogones… pero bendito problema.
Porque cuando te dedicas a esto, te rodeas de buen producto y de gente que empuja como Gusto del Sur, pasa lo que pasa: que trabajar deja de parecer trabajo.
Y eso, no tiene precio.