Daniel del Toro

Dos arroces gigantes para saborear la Doñana Sevillana

Hay proyectos que no se cuentan solo con palabras. Se cuentan con gente alrededor, con producto de la tierra, con una buena paellera al fuego y con ese ambiente de pueblo que te recuerda por qué la gastronomía es una forma maravillosa de conocer un territorio.

Y eso es justo lo que he vivido estos días con Turismo de la Provincia de Sevilla, dentro del proyecto Doñana Sevillana.

Dos pueblos, dos jornadas y dos arroces en paelleras gigantes: uno en Villamanrique de la Condesa y otro en La Puebla del Río. Poca broma, familia.

Villamanrique, caballo, marisma y arroz para 200 personas

La primera parada fue Villamanrique, en plena feria Doñana Ecuestre. Y claro, allí no podía faltar el caballo, la tradición, el ambiente manriqueño… ni un arroz como Dios manda.

Doñana Sevillana

Porque cuando uno llega a Villamanrique se da cuenta rápido de que está entrando en un sitio especial. Aquí Doñana se siente cerca. En el paisaje, en la gente, en la forma de hablar, en la forma de recibirte y hasta en el producto.

Y para celebrarlo, nos pusimos manos a la obra con una paella para unos 200 comensales. De esas que cuando ves la paellera dices: “Bueno, aquí o comemos todos o nos mudamos dentro”. Que encima la furgoneta ponía “Superpaellas” y aquello era, según me dijeron, de lo más chico que hace el nota. Maravilloso todo.

El protagonista fue un arroz Doña Ana, de aquí, de las marismas. Y eso se nota. Porque cocinar con producto del entorno no es solo una cuestión de sabor, es una forma de contar de dónde venimos y qué tenemos alrededor.

Hubo música, hubo bromas, hubo sorteos, hubo micrófono arriba y abajo, saludos, fotos, conversación con la gente del pueblo y, por supuesto, ese momento final que a mí me encanta: empezar a repartir platos y ver las caras.

Que al final esto va de eso. De cocinar, sí. Pero también de compartir.

La Puebla del Río, un paraíso natural con sabor a marisco

La segunda parada fue La Puebla del Río, siguiendo el camino de este proyecto Doñana Sevillana que quiere dar a conocer los pueblos que rodean Doñana desde Sevilla.

Y allí cambiamos el registro: arroz de marisco en paellera gigante.

La Puebla tiene algo que engancha. Tiene río, tiene marisma, tiene aves, tiene arrozales y tiene una identidad muy potente. Es uno de esos lugares que a veces tenemos al lado y no siempre miramos con la atención que merece.

Durante la jornada pude hablar con la alcaldesa, que lo explicó muy bien: La Puebla es un paraíso natural. Un sitio privilegiado para el avistamiento de aves, con una relación histórica con el río, con la marisma y con el arroz. Y además, con mucho orgullo por lo suyo.

Y eso a mí me parece fundamental.

Porque defender lo nuestro no significa mirar mal lo del vecino. Significa conocerlo, valorarlo y contarlo bien. Como decía mi madre, como decía mi abuela y como intento hacer yo siempre: defender lo nuestro sin molestar al de al lado.

El arroz como excusa para contar un territorio

En estos dos días he vuelto a comprobar algo que tengo cada vez más claro: la gastronomía es una herramienta brutal para hablar de turismo, cultura e identidad.

Un arroz puede parecer solo un plato. Pero si lo miras bien, ahí dentro hay paisaje, hay agricultores, hay marisma, hay oficios, hay producto local, hay familias y hay memoria.

Y cuando lo cocinas en mitad de un pueblo, rodeado de vecinos, visitantes, responsables del proyecto y gente con ganas de pasarlo bien, se convierte en algo más.

Se convierte en una experiencia.

Doñana Sevillana, para vivirla y saborearla

Este proyecto pone sobre la mesa algo muy importante: la provincia de Sevilla tiene rincones espectaculares que merecen ser conocidos, vividos y contados.

Villamanrique y La Puebla del Río son dos ejemplos clarísimos. Dos pueblos con personalidad, con recursos naturales, con tradición y con muchísimo que ofrecer a quien quiera acercarse a Doñana desde Sevilla.

Y en estos dos eventos, además, he estado acompañado por mi compañera y amiga Mónica Rosón, La Cataora, que también ha formado parte de esta experiencia tan bonita alrededor de Doñana, el producto y la gente de nuestros pueblos.

Yo he tenido la suerte de hacerlo como más me gusta: cocinando, hablando con la gente y sirviendo platos de arroz con una sonrisa.

Gracias a Turismo de la Provincia de Sevilla, a las personas que hacen posible este proyecto y a todos los que se acercaron a compartir estos dos días.

Me voy con una cosa clara: Doñana también se conoce a cucharadas.

Y si son de arroz, mejor todavía.

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