Hay recetas que entran en casa y ya no se van. Y estos fiambres caseros de pavo y cerdo son exactamente eso. Fáciles, baratos, sin ingredientes raros y con un resultado que le pega un meneo importante a muchos embutidos industriales. Porque sí, aquí sabes lo que comes. Y eso ya es bastante.
Además, los haces una vez y tienes para varias comidas: tostadas, bocadillos, ensaladas, tablas de picoteo o para abrir la nevera a las once de la noche diciendo “solo voy a coger un poquito”. Spoiler: no va a ser un poquito.
Paso a paso
Paso 1: maceramos la pechuga de pavo
Empezamos metiendo la pechuga de pavo en una bolsa de congelación. Añade ajo en polvo, pimienta negra, pimentón dulce, orégano, sal y un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra.
Ahora cierra bien la bolsa y masajea la pechuga para que se impregne perfectamente de todo el aliño. Aquí está parte de la magia: cuanto mejor se embadurne, más sabor tendrá luego.
Déjala macerando al menos 30 minutos en la nevera. Y si tienes más tiempo, mejor todavía.



Paso 2: preparamos el solomillo de cerdo
En otra bolsa de congelación mete el solomillo de cerdo y añade sal, pimienta negra, ajo en polvo, tomillo y un chorrito de aceite de oliva.
Repite la operación: cierra la bolsa y embadurna bien toda la pieza para que el aliño llegue a cada rincón.
Llévatelo también a la nevera durante media hora. Mientras tanto, tu cocina ya empieza a oler a “aquí se come bien”.



Paso 3: envolvemos la carne
Una vez maceradas las dos piezas, sácalas de las bolsas y envuelve cada una por separado en papel de horno.
Este truco ayuda a que la carne conserve toda la jugosidad mientras se cocina. Y aquí interesa una cosa: que quede tierna, sabrosa y lista para cortar en lonchas finitas.
Porque sí, esto luego parece fiambre comprado… pero sin la lista de ingredientes que parece un examen de química.


Paso 4: horneamos los fiambres caseros
Coloca las dos piezas en una bandeja y hornéalas a 180 grados durante unos 40 minutos.
El tiempo puede variar un poco según el tamaño de la pechuga o del solomillo, pero la idea es que queden bien cocinados y jugosos por dentro.
Cuando los saques del horno, deja que reposen unos minutos antes de cortarlos. Ese descanso hace que los jugos se asienten y luego el corte quede mucho mejor.



Paso 5: el momento peligroso
Ahora solo queda cortar los fiambres en lonchas y usarlos como te dé la gana: bocadillos, sandwiches, ensaladas, tablas para picar o una buena tosta.
En mi caso, cayeron con aguacate sobre pan tostado y aquello era un auténtico espectáculo.
Lo mejor de esta receta es que haces bastante cantidad y tienes comida rica para varios días. Lo peor… que desaparece más rápido de lo que pensabas.



El toque final
Guárdalos bien en la nevera y tendrás unos fiambres caseros espectaculares listos para cualquier momento. Mucho más naturales, más ricos y con ese punto casero que no se compra.
Y si pruebas distintas especias o marinados, ya entras en terreno peligroso. Porque luego no hay vuelta atrás y acabas haciendo fiambre hasta un martes cualquiera a las once de la noche.
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