No todos los escenarios se pisan dos veces. Y cuando ocurre, suele ser por una buena razón.
Este año he vuelto a participar, una vez más, en la Gala de los Premios Nacionales de la Patata, una cita que en muy poco tiempo se ha convertido en el gran punto de encuentro del sector patatero en España.
El año pasado viví esta gala desde un lugar muy especial, como Padrino de Honor, y reconozco que repetir esta experiencia no era solo una ilusión, sino casi una obligación moral. Porque cuando un evento pone en el centro al agricultor, al producto y al origen, uno no duda en volver a subirse al escenario.
Una gala que ya es una cita imprescindible
La gala volvió a colgar el cartel de completo y reunió a productores, técnicos, empresas, distribución, restauración e instituciones de toda España. Ver el auditorio de Medina del Campo (Valladolid) lleno, por tercer año consecutivo, confirma algo importante: el sector necesitaba un espacio así para reconocerse, celebrarse y mirarse con orgullo.
Compartí escenario con María Álvarez, de revista Campo, presentando una ceremonia que fue ágil, emotiva y muy pegada a la realidad del campo. Porque aquí no se habla de teorías: se habla de personas que se levantan cada día para sacar adelante un cultivo esencial para nuestra gastronomía y nuestra economía.




Reconocer el trabajo bien hecho
A lo largo de la noche se premiaron trayectorias, proyectos sostenibles, iniciativas solidarias, campañas de promoción y propuestas gastronómicas que demuestran que la patata es mucho más que un producto básico. Es territorio, es innovación, es relevo generacional y también es futuro.
Desde agricultores veteranos hasta jóvenes productores, pasando por técnicos imprescindibles y cocineros que dignifican el producto desde la cocina, la gala fue un retrato fiel de la cadena de valor real del sector patatero.
Seguir defendiendo el origen
Si algo me llevo de esta edición —y de la anterior— es la confirmación de que poner en valor el origen, el producto y a quien lo trabaja no es una moda, es una responsabilidad. Y hacerlo desde un evento como este, con rigor pero sin solemnidades innecesarias, es un acierto.
Gracias a la Revista Campo, al Ayuntamiento de Medina del Campo y a todos los que hacen posible que esta gala siga creciendo. Yo, encantado de repetir. Y si me vuelven a llamar, ya sabéis la respuesta.